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La primavera en Ribera del Duero más intensa que recuerdan nuestras viñas

primavera en Ribera del Duero

La primavera más intensa que recuerdan nuestras viñas

Quince días. Ese es el adelanto que acumula este año nuestro ciclo vegetativo respecto a otras campañas. Una cifra que lo dice todo sobre lo que ha sido esta primavera en Ribera del Duero, y que marca un punto de partida radicalmente distinto al de 2025.

Abril rompió todos los récords

El abril de 2026 ha sido confirmado por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) como el más cálido de la historia en España. En nuestra viña se notó desde el primer día: la primera semana ya se rozaban los 20 °C, y a lo largo del mes las temperaturas llegaron a los 27 °C. A ese calor se sumó una inusual combinación de humedad y tormentas que hizo que la vid arrancara con una energía que no habíamos visto antes. El resultado fue un crecimiento acelerado, una brotación temprana y un ciclo que en cuestión de semanas acumuló un adelanto de dos semanas respecto a la media histórica.

El año pasado el punto de partida fue bien distinto: 2025 arrancó con un exceso de lluvias e intensas olas de calor que pusieron a prueba la resiliencia del viñedo desde el inicio. Este año, en cambio, el reto ha sido otro: gestionar una primavera de mucha energía.

Crecer rápido también exige trabajo

Un crecimiento tan acelerado obliga a estar muy encima de la planta y la poda en verde ha sido una de las labores más determinantes de la temporada. Esta práctica consiste en eliminar brotes y racimos incipientes para controlar el rendimiento por cepa y evitar que la energía de la planta se disperse entre demasiados frutos. El objetivo no es solo reducir cantidad: es dirigir la vitalidad de la cepa hacia los racimos que quedarán, para que lleguen a la vendimia con la máxima concentración posible. Sin ese ajuste, un crecimiento tan acelerado como el de este año podría haber comprometido la calidad del racimo.

primavera en Ribera del Duero
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El susto de mayo: las heladas tardías, un clásico de la Ribera

Mayo cambió el guion de golpe. Tras arrancar con temperaturas de verano, a mitad de mes llegó una bajada térmica que trajo heladas. No es la primera vez que ocurre: en Ribera del Duero las heladas tardías son un riesgo real hasta bien entrado el mes de mayo, precisamente porque el territorio combina inviernos largos con primaveras que pueden acelerar el ciclo de la vid y dejarla más expuesta cuando llega el frío. Una brotación temprana, como la de este año, aumenta ese riesgo: cuanto antes brotan las yemas, más vulnerables quedan ante una helada inesperada.

Por suerte, los daños fueron leves y las cepas siguieron adelante sin mayores problemas. Fue un aviso, no un golpe. Y en ese sentido, 2026 se diferencia claramente de 2025, cuando el granizo llegó a causar grandes pérdidas en algunas de nuestras parcelas.

Un viñedo que llega al verano en plena forma

Cerrada la primavera, el balance es muy positivo. El viñedo presenta un estado sanitario excelente: las cepas están sanas, la planta bien equilibrada y sin signos de enfermedad. Ernesto, nuestro enólogo, lo resume mejor que nadie: “están como una lechuga”. Quien recuerde cómo llegamos al verano de 2025 —con la presión del mildiu, pérdidas por granizo y una incertidumbre constante— entiende el valor de una frase así.

Con esa salud y el adelanto de ciclo acumulado, la previsión para la vendimia 2026 apunta a una cosecha abundante y algo más temprana. Y cuando la planta llega así al verano, la calidad está más que asegurada.

Y mientras tanto, nueva vida detrás de la bodega

Esta primavera también ha traído novedades más allá del viñedo consolidado. En mayo realizamos una nueva plantación que ya ha comenzado a recibir su emparrado, la estructura de postes y alambres que guiará el crecimiento de estas cepas jóvenes durante los próximos años. Un proyecto a largo plazo, como todo lo que vale la pena en viticultura.

La primavera ha sido exigente. El viñedo ha respondido. Ahora llega el verano, el envero y, con él, la recta final hacia la vendimia.

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