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De la barrica al ánfora: por qué usamos cocciopesto en nuestro Albillo Mayor

cocciopesto

Durante siglos, la Ribera del Duero ha criado sus vinos en barricas de roble. La microoxigenación que ofrece la madera suaviza la boca, mientras los tostados del roble suman complejidad. Pero ese mismo aporte puede tapar lo más valioso: la expresión pura de la variedad. Por eso, en El Sueco Albillo Mayor, decidimos dar un paso más allá. Incorporamos un huésped muy especial: un ánfora de cocciopesto. Un pequeño 5 % del vino pasa siete meses en contacto con las pieles en esta vasija antes del ensamblaje final. Y, aunque la proporción es mínima, el impacto es profundo.

¿Qué es el cocciopesto?

El cocciopesto era el “cemento” de los romanos: una mezcla de teja molida, arcilla caliza y cal viva. Al fraguar, se crea una estructura porosa, resistente al agua y con gran inercia térmica.

Hoy, artesanos de todo el mundo han recuperado este material para fabricar ánforas vinarias. Su pared, más compacta que la terracota tradicional, permite una oxigenación muy lenta: incluso más que en el roble.

¿Y en el vino, qué aporta el cocciopesto?

Frente a la barrica, el ánfora de cocciopesto transforma el resultado de forma sutil pero decisiva.

Como ya hemos comentado, su oxigenación es mucho más lenta, lo que permite conservar mejor la frescura y la fruta del vino. A diferencia del roble, que aporta sabores como vainilla, especias o tostados, el cocciopesto es completamente neutro, no enmascara el vino.

En textura, los taninos de la madera añaden cuerpo, mientras que el ánfora da una boca más sedosa, con una sensación mineral más marcada.

Otra ventaja es que, al ofrecer una microoxigenación estable y constante, la necesidad de sulfuroso se reduce.

Y en términos de sostenibilidad, hay mucha diferencia. Mientras que una barrica se reemplaza tras varios años de uso, la vasija de cocciopesto es prácticamente permanente y 100% reciclable.

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cocciopesto en el Albillo Mayor

Cómo la usamos en El Sueco Albillo

El 95 % del mosto fermenta y envejece durante seis meses en barricas de roble francés de 300 litros. Así ganamos volumen y untuosidad.

El 5 % se queda siete meses en ánfora con sus pieles: los hollejos aportan taninos finos y notas anisadas, típicas del albillo mayor, mientras el cocciopesto conserva la tensión y la acidez.

Antes de embotellar, unimos ambas elaboraciones. Solo ese 5 % basta para inyectar frescura, salinidad y profundidad aromática.

Mirando al futuro

El cocciopesto no viene a sustituir a la barrica. La complementa. Nos permite afinar la precisión aromática y alargar la vida del vino sin perder el carácter de la albillo mayor de la Ribera del Duero.

Una alianza entre historia romana y vanguardia enológica que se traduce en vinos más fieles a su origen y con un toque especial.

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