Virtus Wine

Una añada de extremos: así avanza la cosecha el 2025 en los viñedos de Virtus

El ciclo vegetativo 2025 está siendo uno de los más desafiantes que recordamos en Bodega Virtus. Desde enero, el año ha venido marcado por una combinación de lluvias y calor intensos que ha puesto a prueba la resiliencia de nuestras viñas… y nuestra capacidad de adaptación.

Ya desde el arranque del verano las temperaturas se dispararon. Las olas de calor han sido particularmente agresivas hasta mediados de agosto, lo que generó un estrés significativo en las plantas y contención de la acidez.

Afortunadamente, los recursos hídricos acumulados desde el invierno han amortiguado en parte los efectos negativos de este calor extremo. Hasta hoy, nuestra estación meteorológica —situada en la misma bodega— ha registrado 360 litros por metro cuadrado, una cifra notable si tenemos en cuenta que un ciclo vegetativo completo ronda los 450 litros. Además, el cierre de 2024 fue también muy lluvioso, propició en el suelo una reserva hídrica vital para este complicado año.

El problema es que cuando se combinan temperaturas altas con humedad, el cóctel perfecto para los hongos está servido. El mildiu, un patógeno fúngico que ataca a las hojas y racimos de la vid, ha hecho su aparición. En la parcela de la bodega asumimos una pérdida de alrededor del 20% de la producción. Aunque en otras zonas como Burgos y Soria también se han visto manchas, el impacto ha sido mucho menor. ‘Afortunadamente’ el mildiu llegó a la Ribera del Duero cuando los racimos ya estaban formados, de haber sido antes, en floración, el daño habría sido devastador.

Sin embargo, el golpe más duro lo ha dado el granizo. El pedrisco ha castigado con fuerza nuestras parcelas en Aldeyuso, ocasionando una merma de hasta el 50%. Sumado al efecto del mildiu, las pérdidas totales en las parcelas circundantes a la bodega oscilan entre el 60 y el 70%.

El granizo es un fenómeno atmosférico muy localizado. Como bien dice Ernesto, nuestro enólogo, “esto va por barrios”: en Villálvaro no ha caído ni una piedra, mientras que en Baños de Valdearados el granizo ha arrasado prácticamente toda la producción. Curiosamente, en Hontoria, a escasos kilómetros, las viñas se han salvado completamente. El carácter caprichoso del granizo vuelve a recordarnos que la viticultura es, en esencia, una actividad de riesgo. La realidad es que, con el cambio climático, cada vez asistimos a inclemencias meteorológicas más virulentas y con mayor asiduidad.

A pesar de los contratiempos, hay motivos para la esperanza. Los últimos días han traído consigo un respiro térmico: las temperaturas frescas por la noche y moderadas durante el día ayudan a sujetar la maduración y a recuperar parte de la acidez perdida, especialmente en nuestra variedad blanca albillo mayor.

viñedos Bodega Virtus en El ciclo vegetativo de la vid. verano y otoño

Si el tiempo nos respeta y no hay más lluvias en las próximas semanas, mantendremos la calidad de esta añada. Eso sí, si vuelve la humedad, el riesgo de botrytis —otro hongo, esta vez responsable de la podredumbre— será considerable.

Mientras tanto, Ernesto sigue recorriendo viñedos, dialogando con los viticultores de confianza en Burgos y Soria y afinando los detalles de una vendimia que, si todo va según lo previsto, arrancará hacia el 20 de septiembre con el albillo mayor. Como siempre, en Virtus seguimos creyendo que la excelencia empieza en la viña. Este año, más que nunca, cada racimo cuenta.

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