¿Cómo catar un vino? Primera cita

Son muchas las connotaciones que tiene beber un vino, todas ellas por el placer de tomarlo, de compartirlo, de disfrutarlo. Para celebrar, para consolar, para que te acompañe, para brindar, porque sí y ¿por qué no? Siempre con moderación.

Pero quizás, como vivimos deprisa y como nos pasa con muchas otras cosas en la vida, no nos paramos a conocer ese vino en profundidad; o como ya lo tenemos muy visto (y bebido), creemos que ya sabemos todo de él.

Es cierto eso de que lo importante es saber si un vino te gusta o no, y sería suficiente, pero no te imaginas la cantidad de información que te puede aportar el contenido de una copa y lo interesante que resulta el mundo vitivinícola.

Por eso te vamos a dar unos consejos para que tu próxima cita con el vino se convierta en una verdadera cata o, al menos, el principio del comienzo.

Advertencia: engancha.

Consejos para catar un vino

El primero es resetear y olvidarte de que mirar el color, mover la copa, meter la nariz y decir que el vino huele a pimiento, a flores o a frutas diferentes a la uva o que te sabe amargo, ácido, dulce, salado…

Es una realidad que las diferentes variedades de uva, según la zona donde se cultiven, el clima, el suelo, los tratamientos, y los procesos de elaboración, los depósitos, los tiempos y un largo etcétera, harán que los vinos expresen diferentes colores, aromas y sabores, más allá del de la propia uva.

Así que si tu intención es aprender, una cata didáctica te ayudará a entender el cómo y por qué de todo esto. Incluso practicando mucho, podrías lograr acercarte al tipo de vino que estás bebiendo sin mirar la etiqueta, solo a través de los sentidos. Pero eso ya es otro nivel.

Fases para catar un vino

A la hora de catar un vino entran en juego la vista, el olfato y el gusto. Son las fases visual, olfativa y gustativa.

La vista nos dará información, obviamente, de si es un vino blanco, tinto, rosado, espumoso, generoso… Pero también puede hablar de la edad de ese vino, del posible paso por barrica, de si se ha filtrado o no…

Te debes fijar en el color y en la capa si es tinto (que es la intensidad de ese color), en la lágrima, en la burbuja si es espumoso…

Los colores van desde el verde limón al ámbar, en los blancos; pasando por amarillo limón, pajizo y dorado.

Los rosados tendrán tonalidades más parecidas al salmón, fresa, cereza o piel de cebolla.

Los tintos adquirirán una coloración púrpura, rubí, granate, teja o marrón.
Pero no te creas todo lo que ves. Como se puede leer en El Principito: “lo esencial es invisible a los ojos”. Así que el olfato entra en juego.

¿Sabes cuántos olores puede llegar a percibir y distinguir el ser humano? ¡Más de 10.000! Y entre ellos, créenos, están muchos de los que se pueden apreciar en un vino, sobre todo si es complejo. Es cuestión de entrenarlo.

Así que el olfato, merece un apartado para él solito.

Fase olfativa para catar un vino

¿Cuánto huele un vino? ¿Qué intensidad tiene? ¿Lo hueles en cuanto lo sirven o tienes que acercar mucho la copa a la nariz?

¿Huele limpio o no? Porque el vino puede estropearse y tener defectos (oler a corcho, a huevo podrido, vinagre o sudor de caballo). Otras veces genera unos aromas menos agradables que pueden permanecer o desaparecer cuando el vino se airea, por ejemplo.

Los aromas se dividen en primarios, secundarios y terciarios:

  • Aromas primarios: son los propios de la variedad y se suelen agrupar en floral, fruta (verde, cítrica, de hueso, tropical, roja, negra…) y herbáceos, herbarios o especias. En los vinos de El Sueco, podemos encontrar principalmente aromas primarios.

  • Aromas secundarios: son los que provienen de las levaduras (autólisis) y recuerdan a pan, galleta, pastelería…; de la fermentación maloláctica, sobre todo en tintos, aparecen aromas a mantequilla, yogur, nata…; y de la barrica que, según sea de roble francés o americano, aportará diferentes toques. Por eso hay vinos que huelen a café, chocolate, vainilla o coco. En Virtus Gran Reserva destacan estos aromas, pero sin sobreponerse a los aromas primarios.

  • Aromas terciarios: son ya de evolución de la fruta, de la oxidación buscada (crianza) y del afinamiento en botella. En el caso de la oxidación, encontrarás notas de diferentes frutos secos o caramelo. La fruta evoluciona a más fruta seca, acometida, cocida… en el caso de los blancos, pueden aparecer aromas a miel, nuez moscada, canela… por su envejecimiento en botella. Y por raro que parezca, se llega a disfrutar de estas “esencias”. Estos aromas se pueden encontrar tanto en El Sueco (en menor medida), como en Virtus Gran Reserva de añadas antiguas.

Y aunque el olor siempre crea recuerdo, al final el sabor es con lo que te quedas. Y muchos vinos en nariz no dicen nada y en boca, todo.

Fase gustativa para catar un vino

Llega el momento de catar un vino en toda la extensión de la palabra que, por definición, es “probar, gustar algo para examinar su sabor o sazón”.

¿Y cuáles son los sabores que diferenciamos? (o intentamos, que no todos los paladares están educados). Son: amargo, dulce, salado, ácido y umami. Cada uno se manifiesta en una parte de nuestra lengua: el dulce en la punta de la lengua, el salado en los laterales más posteriores, el ácido en los laterales traseros, el amargo al final de la lengua y el umami en el centro. Pistas para detectarlos.

Lo ideal es tomar un trago corto y mantenerlo en la boca para sacarle todas las características posibles al vino, siempre y cuando las tenga.
Luego puedes tragar o escupir, algo que habrás visto hacer a muchas personas. Es muy habitual entre los profesionales que tienen que catar gran cantidad de vinos.

Ahora hay que centrarse en definir si es un vino, seco, semiseco, semidulce o dulce. Si tiene acidez y cuánta, si aparecen los taninos (en los tintos), cómo son y si te secan mucho la boca (la famosa astringencia), si resulta alcohólico o no, si tiene cuerpo, cómo es la burbuja y la intensidad del sabor.

Y para finalizar, hay que valorar si se queda en boca, si deja recuerdo. Se dice que el vino tiene trago corto, medio o largo. Y el resto de parámetros se miden en poco/bajo, medio, mucho/alto.

Los sabores corresponden a la misma clasificación de los olores. A veces coinciden en nariz y en boca y, otras veces, unos se intensifican y algunos desaparecen.

GRAN RESERVA

EL SUECO

ALBILLO MAYOR

EL SUECO

Al final, para valorar la calidad del vino, se tienen en cuenta la persistencia, la intensidad aromática y de sabor, la complejidad y el equilibrio. Porque seguro que has escuchado decir que un vino está equilibrado. Esto es que todas sus propiedades organolépticas están en consonancia.

Y en función de lo que se vaya percibiendo y la evaluación que se le haya dado a cada uno de estos parámetros, podremos calificar el vino como defectuoso, pobre, aceptable, bueno, muy bueno o excelente.

Lo fundamental es que pierdas la vergüenza, que cates y aprendas. Se organizan muchos eventos para catar un vino en wine bar, vinotecas o en las propias bodegas, solo tienes lanzarte a la aventura. Pero hazlo sin miedo, con la mente abierta, relajado, escuchando, con intención de aprender y, sin duda, con el único objetivo de ¡disfrutar! 

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