Las bajas temperaturas siempre van asociadas al invierno, pero siendo “ciudadanos” de la Ribera del Duero, no debemos confiarnos porque las heladas son habituales también en primavera.
Podemos reconocer que estamos acostumbrados al frío, a soportar que el termómetro baje de los cero grados en algunas madrugadas y amaneceres, pero ¿y los viñedos?
Teniendo en cuenta la edad de algunas cepas (sobre todo en la Ribera soriana y burgalesa), habituados deben estar. Sin embargo, el frío les afecta más de lo que creemos, según también en qué fase del ciclo vegetativo se encuentren.
En invierno, las viñas están en parada vegetativa y, precisamente así, soportan mejor los hielos. Es normal el pensar que no sufren las consecuencias al no haber fruto ni actividad ni savia recorriendo sus “venas”, pero nada más lejos de la realidad.
Siempre que tenemos ocasión, explicamos la importancia del clima en un vino e indirectamente, el frío le influye.

¿Cómo influyen las bajas temperaturas en las viñas?
El frío es bueno para la planta en su justa medida. Como todo en la vida, los extremos no son lo más idóneo.
En nuestra zona, el viñedo puede soportar hasta -5oC, pero si esa temperatura desciende más y durante un tiempo prolongado, puede ser perjudicial.
Nuestras cepas aguantan porque están bien adaptadas, pero las yemas pueden congelarse y de ellas es de donde deben brotar las primeras hojas y posteriores racimos.
En ocasiones, aquí llegamos a -10oC (cada vez menos) aunque, por suerte, no vivimos a bajo cero de manera continuada. Si fuese así, la viña tendría problemas en la brotación y, seguramente, tendríamos menos racimos y rendimiento.
No obstante, hay maneras de adelantarse a esos posibles efectos y al menos prevenir. La clave está en una labor del campo fundamental y que se realiza en invierno: la poda en seco.
Se puede optar por una poda larga, es decir, dejar un mayor número de yemas en cada pulgar. De esta manera, trataremos de ‘salvar’ los posibles efectos de las heladas tardías de primavera.
Retrasar la poda todo lo posible para ‘forzar’ una brotación más tardía, con el fin de evitar el efecto de las heladas de primavera.
Ahora bien, como casi siempre, existe un lado bueno de las cosas.
Labores de invierno: la poda en seco
Efectos positivos del frío
Esas bajas temperaturas se compensan con otras más moderadas durante el día y algún que otro rayo de sol. El hielo se va derritiendo y se convierte en un gran aporte hídrico para el viñedo, muy necesario en épocas de sequía como la que vivimos.
Además, es un gran fungicida e ideal para combatir posibles plagas de topillos, de una forma más que natural.
La nieve, poco habitual en nuestra zona, es más efectiva porque su deshielo es más gradual y mantiene durante más tiempo el suelo hidratado.
Sin embargo, como ya avanzamos, en el clima de Ribera del Duero, continental extremo, son muy habituales las heladas tardías y esas pueden causar un gran perjuicio.




